martes, 27 de junio de 2017
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Evolución del empleo femenino a partir de los datos de Casen 2015

El diario La Tercera se centró en los datos laborales de la última Encuesta Casen para analizar la caída en la tasa de pobreza y el efecto del empleo femenino en esa disminución.

Fecha Publicación: 25-11-2016

Fuente: La Tercera

Capítulo Laboral de la encuesta revela nuevos avances en la inserción laboral de las mujeres. Los deciles de ingresos octavo y cuarto reportaron las mayores alzas de empleo femenino. Los hombres bajaron su participación en el mercado y la tasa de ocupación cayó en cinco deciles.

Dos millones de ciudadanos siguen viviendo en condiciones de pobreza en Chile, aunque autoridades y expertos insisten en que se trata de un estándar distinto de carencias, más exigente y también heterogéneo. La foto que tomó la Encuesta Casen 2015, sin embargo, también tuvo su lado amable, porque constató que otras 435.000 personas superaron esa realidad y salieron adelante desde el anterior sondeo de 2013. Desde que dio a conocer la muestra, hace ya dos meses, el gobierno ha insistido en que si bien hubo un alza de los subsidios monetarios que ayudó a esas personas, lo determinante fue el aumento de los ingresos autónomos de esos hogares y, en particular, de aquellas rentas provenientes del trabajo. Una explicación posible, pero que contrasta con el hecho de que entre una encuesta y la otra la economía chilena entró en el ciclo de desaceleración más severo en una década.

¿Cómo se explica, entonces, que la tasa de pobreza haya caído desde 14,4% a 11,7% entre 2013 y 2015, sacando a más de cien mil hogares de esa situación? La respuesta está en el reporte Trabajo de la encuesta, el cual reveló un incremento sostenido de la participación laboral de las mujeres de los hogares entre el segundo y el décimo decil de ingresos, donde los deciles octavo (de mayores ingresos) y cuarto (de menores ingresos) anotaron las tasas más altas: 4,08% y 3,86%, respectivamente.

Los datos del MDS, a los que accedió La Tercera, muestran que si bien las mujeres del primer decil o 10% más pobre del país redujeron en medio punto porcentual su entrada al mercado laboral respecto de la anterior Casen, el nivel alcanzado en la encuesta 2015 de 26,9% es el más alto para ese grupo en más de una década (ver infografía). Así, la participación laboral femenina pasó desde una tasa de 45,6% a una de 47,2%, llegando a 3.531.656 personas.

A partir de lo anterior, comentaron en el MDS, surge un segundo fenómeno determinante para explicar la mejora en los ingresos autónomos y en particular de los generados por el trabajo que recogió la Casen, ya que la mayor inserción laboral de las mujeres tuvo como principal derivada un aumento de la ocupación femenina entre el segundo y décimo decil de ingresos. Nuevamente, los deciles octavo y cuarto anotaron los mayores aumentos, 4,06 y 3,56 puntos, aunque las tasas más altas de empleo se mantuvieron entre los deciles octavo al décimo, en un rango de 58,4% a 66,4%. En total, 3.234.964 mujeres declararon estar trabajando, asalariadas o independientes, al momento de la encuesta. En tanto, en el primer decil o 10% más pobre, si bien la ocupación se redujo en 1,4 punto, con una tasa de 19,1%, igual se instala como el mejor dato de las últimas tres encuestas.

“El crecimiento de la tasa de participación laboral femenina ha subido casi cinco puntos porcentuales en los últimos 10 años. De alguna manera, la desaceleración nos ha pillado en el mejor pie histórico en materia laboral. En los últimos años ha estado creciendo fuerte la participación de la mujer y sus salarios también. Ha habido mayor inserción al empleo formal, con un seguro de cesantía casi en régimen. Todo este contexto genera una situación en la cual hay diversos mecanismos para absorber coyunturas complejas, en especial para las mujeres”, explica Jaime Ruiz-Tagle, director del Centro de Microdatos del Departamento de Economía de la Universidad de Chile.

La Casen 2015 cifró en 71% la tasa de participación laboral masculina, nueve décimas sobre el sondeo anterior, trayectoria apuntalada por el comportamiento del quinto al décimo decil de ingresos. Pero no fue igual en materia de ocupación, debido a que en cinco deciles está cayó y en los restantes cinco subió. Así, anotaron una tasa de empleo de 66,2% en la última Casen, una décima menos que en la encuesta 2013.

En opinión de la directora del Magíster en Políticas Públicas de la UDP y presidenta del Consejo Consultivo Previsional, Claudia Sanhueza, lo que muestran los datos proporcionados por el MDS siguen y profundizan la tendencia observada para esas variables en años anteriores. “La mujer ha estado aumentando la participación laboral permanentemente y la del hombre se ha estancado en torno al 70% desde 2009. En el caso de la participación laboral femenina, la tasa permanece más o menos similar en cada grupo socioeconómico, aunque vemos que si bien los deciles de ingresos más bajos siguen elevando su tasa de ocupación para ambos géneros, las mujeres lo hayan hecho de manera más significativa”, afirma.

No sería contracíciclo

La arremetida laboral de la mujer y su expresión en mayores tasas de ocupación es para los expertos el principal factor detrás de la caída de la pobreza por ingresos, porque este fenómeno, entre otras cosas, estuvo acompañado de un giro que marca tendencia respecto de la estructura de las familias en Chile: la Casen 2015 también constató un alza de hogares con jefaturas monoparentales y, en especial, a cargo de una mujer.

“La evidencia internacional es que la tasa de participación de los hombres baja de manera continua, aunque en Chile, en cambio, hemos observado que desde 2009 se estancó en 70% y, de hecho, en 2015 aumentó levemente. Este dato es nuevo, habría que ver cómo se comportaron por tramos etarios, pero mi primera impresión es que se relaciona con temas previsionales, porque la realidad está mostrando que las personas en edad de jubilar no lo hacen y siguen trabajando, en especial los hombres”, añade Sanhueza.

Ruiz-Tagle agrega que el aumento de la participación laboral medida por edad de trabajar y hasta los 65 años ha generado una suerte de colchón adicional, en especial en los hogares de ingresos más bajos, como una suerte de sustitución frente a una baja del ingreso primario o el desempleo del jefe de hogar. “Pero, a mi juicio, no hay por ningún lado evidencia de un comportamiento contracíclico de las mujeres por efecto de la desaceleración. Sí ha habido un aumento de la fuerza de trabajo, pero muy marginal y en línea con su tendencia de largo plazo”, dice.

Noción que comparte Sanhueza, aunque añade un elemento extra, como es el aterrizaje del desarrollo sobre la tendencia histórica del comportamiento laboral de la mujer. “Mi hipótesis es que la mayor participación laboral de las mujeres es por efecto de desarrollo, y por eso es que la tasa permanece más o menos similar por cada grupo socioeconómico, aunque con una mirada de más largo plazo va en ascenso”, añade la experta, quien también es investigadora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Socia (Coes).

Estructura y costumbre

La Casen 2015 muestra que el empleo aumentó con más fuerza en las mujeres de los deciles cuarto, quinto y octavo. Sanhueza explica que, en general, una determinante es la estructura familiar y las características que la conforman: si son casadas (están en pareja) o no, si tienen hijos o no, si son jefas de hogar, si aportan como ingreso secundario, si no trabajan y estudian, etc. “Hay varias hipótesis, pero, en general, se estima que las casadas trabajan menos que las no casadas y las que tienen hijos, trabajan menos que las que no tienen. También que a igual cantidad de hijos, casada o no casada, la mujer trabaja, pero una casada sin hijos trabaja menos que una soltera con hijos”, detalla.

Según la Casen, el 12,9% de los hogares con jefatura femenina están bajo la línea de pobreza por ingresos y el 8,8% de los que tienen jefatura masculina. Pero estos datos, a la vez, son mejores que los reportados en la Casen 2013, donde el 15,4% de los hogares dirigidos por mujeres estaba bajo la línea de pobreza por ingreso y el 11,2% en el caso de los hogares liderados por hombres.

Hubo una mejora, pero en todo caso sigue existiendo desigualdad de ingresos por género, advierte la académica de la UDP. Ruiz-Tagle aporta otra mirada: “La pobreza infantil está radicada en los dos primeros deciles, donde hay mucha presencia de menores, y también en la parte más baja de los deciles de ingresos medios. En general, los deciles más pobres tienen más hijos y tienen un ingreso más bajo, lo que reduce aún más el ingreso per cápita”.

El economista, en todo caso, es optimista respecto de los giros que ha dado el mercado chileno, subrayando que éste muestra una tendencia histórica permanente de aumento de participación laboral de la mujer que obedece a factores socioculturales, “porque en términos relativos hoy somos un país menos machista respecto de 10 años atrás, y tenemos un mercado que de alguna manera se ha ido adecuando progresivamente al ingreso de la mujer, aunque todavía lejos de las economías desarrolladas”, concluye.


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